¿El trabajo nos hará libres?.

No se yo….

Restaurante Szara en Cracovia

Justo al otro lado de la calle donde está Zara en Cracovia, casualidades de la vida, está un restuarante que merece la pena, restaurante Szara.

El restaurante Szara se trata de un restaurante con una muy buena relación calidad / precio, en la plaza Rynek Główny 6, la plaza principal de Cracovia, con unas vistas sobre la Lonja de los Paños, maravillosas. Para ello, al hacer la reserva no se os debe olvidar pedir la única mesa que da a la plaza.

Un techo gótico, estrellado, una decoración un poco vintage y una comida afrancesada muy agradable.

El servicio muy amable….

Pero lo mejor, con diferencia, es ver el atardecer sobre la Lonja, a la luz de las velas,..

No te lo pierdas.

Judíos en Cracovia. No solo pasado.

Colofón en Cracovia

Termina un día intenso para el ojo, para el alma, para el corazón, para el paladar,…

¿Qué mejor colofón que un paseo en calesa por el casco antiguo?

Precio más que razonable y otra experiencia que llevarse en la mochila cuando se abandone esta preciosa ciudad polaca.

Oskar Schindler’s Enamel Factory

Cracovia enamora.

Si tuviera que elegir una ciudad de mi reciente baile, sin dudarlo elegiría Cracovia.

Y es que Cracovia enamora. Y una de las causas de ese amor a primer vistazo ( o al primer mordisco) es la fábrica de Oscar Schindler, Oskar Schindler’s Enamel Factory. Sí, la de la película .

A lo largo de los años he visitado decenas, probablemente cientos de museos, cada vez menos. Pero este me ha resultado especial. Lo que fue la fábrica durante la Segunda Guerra Mundial es hoy un museo interactivo, muy bien diseñado, lleno de detalles, de testimonios, de recuerdos,… que te hacen sumergirte en la realidad de aquellos años.

Y te encuentras sumergido en mitad del gueto, o viajando en el tranvía que pasaba de un lado a otro del muro o en la estación nazi de Cracovia,…

Y oyes de las personas que vivieron aquello, cómo era el día a día, su lucha por la vida, sus miserias, sus pequeños grandes triunfos,… en unos videos insuperables.

Una magnífica visita.

Un consejo doble que es único: sacar la entrada por internet y/o acudir a primera hora. Se evitan muchas filas. Además el aforo es limitado.

Está a las afueras pero se puede llegar andando perfectamente desde el centro. 

A la vuelta pasamos por el barrio judío, lleno de vida. Qué contradicción, ¿no?.

Krakow. A must see.

Sukiennice. Krakow.

Cracovia es una ciudad diferente. Las ciudades europeas se han ido formando, a lo largo de los siglos, alrededor del castillo del señor y de la iglesia, que con el tiempo a veces se transformó en catedral.

Pero Cracovia es diferente y el castillo que fue de los señores y con los siglos de los reyes de Polonia está en un alto.

Y como Cracovia es diferente, tampoco la catedral se encuentra en el centro de la ciudad, sino junto al castillo.

La Cracovia diferente tiene un centro neurálgico diferente. Y ese centro se llama Sukiennice, la Lonja de los Paños.

La lonja de los Paños o Sukiennice es un edificio renacentista y el auténtico icono de la ciudad de Cracovia.

Da forma a la zona central de la plaza del Mercado (en polaco, Rynek Główny) en el casco antiguo de Cracovia (que es Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1978).

Dispuesto según un eje norte-sur, sus fachadas opuestas son simétricas en relación a los ejes de las entradas.

Reúne elementos arquitectónicos de épocas muy diferentes, y constituye una síntesis global de la arquitectura de Cracovia.

Antiguamente fue un centro importante de comercio internacional de la antigua capital polaca. Los viajeros comerciantes se reunían allí para hablar de negocios y practicar el trueque.

Durante su época dorada en el siglo XV, el Sukiennice fue fuente de una variedad de importaciones exóticas de Oriente, destacando especias, seda, cuero y cera, mientras que Cracovia exportaba materiales textiles, plomo y la sal de las minas de Wieliczka.

Cracovia, la capital real de Polonia, fue una de las ciudades más impresionantes de Europa ya desde antes de la época del Renacimiento. Sin embargo, su prosperidad no duraría indefinidamente.

El declive de la ciudad se vio acelerado por las guerras y la política que llevaron a las particiones de Polonia a finales del siglo XVIII.

En el momento de la restauración arquitectónica propuesta para el Sukiennice en 1870 por el reino de Austria-Hungría, gran parte del centro histórico de la ciudad estaba decrépito. Sin embargo, un cambio en la fortuna política del reino de Galitzia y Lodomeria marcó el comienzo del renacer de locales de todo tipo debido a la Asamblea Legislativa de reciente creación o Sejm, y la exitosa renovación de la lonja de los Paños fue uno de los mayores logros de este período.

El Salón ha organizado un sinnúmero de actos con distinguidos invitados a largo de los siglos y todavía se utiliza para entretener a monarcas y dignatarios. El príncipe Carlos de Inglaterra y el emperador Akihito de Japón se dieron cita en él en el año 2002.

En el pasado, se celebraban fiestas en él , sobre todo después de que el príncipe Jozef Poniatowski hubiese liberado a la ciudad del imperio austríaco en 1809.

Aparte de su gran historia y gran valor cultural, la sala aún florece como un bullicioso centro de comercio, si bien ofrecen artículos a la venta que son muy diferentes de los de siglos anteriores (actualmente sobre todo recuerdos para turistas).

Cracovia es otra historia 

Nada más llegar a Cracovia te das cuenta de que es otra historia respecto a Varsovia.

Siendo las dos ciudades más importantes de Polonia, ni su pasado, ni su presente, ni probablemente su futuro, tienen nada en común.

Cracovia fue la capital polaca durante muchos años y ya se sabe que el reino, en cualquier lugar del mundo, conlleva boato, riqueza, palacios de los nobles, iglesias impresionantes,…

Cracovia se encuentra además próximo a Chequea, Alemania,… Y el influjo se nota en la ciudad.


Además Cracovia se benefició de que los nazis no se enseñaran con ella en la Segunda Guerra Mundial. Así que lo que ves es auténtico y no reconstruido como en Varsovia.

Así que Cracovia promete… Y mucho.