El palacete perdido. 150 años y un recuerdo

El Palacete cumple 150 años. Plácidamente asomado al Espolón, como las mansiones de los ricachones neoyorquinos se asoman a Central Park, el Palacete de Gobierno, con su elegancia decimonónica y sus cornisas neoclásicas y sus escaleritas de recibir a las autoridades, cumple siglo y medio. Para celebrarlo, se han organizado, con gran éxito de público, visitas guiadas y hasta el propio presidente de La Rioja, José Ignacio Ceniceros, ha ejercido de ocasional cicerone por los laberínticos pasillos del caserón en el que hoy tiene su despacho.

Hay sin embargo una ausencia en este cumpleaños. Una extraña y dolorosa ausencia, en la quizá los jóvenes ni siquiera reparen pero que los demás logroñeses advierten a simple vista. Parece como si a la calle Vara de Rey le hubiesen arrancado una muela (una hermosa muela marfileña) y en su lugar le hubiesen colocado un implante barato.

El Palacete que hoy cumple 150 años tenía a su derecha, justo en la esquina con la calle Duquesa de la Victoria, un hermano casi gemelo. Menos barroco, de líneas más severas, pero de porte igualmente señorial. Lo habían construido en 1864. Unas grúas tremebundas, con el oportuno permiso municipal, derribaron el edificio, propiedad de la familia Cendra, el 16 de diciembre de 1976, antes de la constitución de los primeros ayuntamientos democráticos. Lo hicieron a toda prisa, antes de que a algún chupatintas entrometido y medio bolchevique se le ocurriera nombrarlo «bien de interés cultural» o algo parecido.

En aquella mansión instaló su clínica el doctor Cospedal, antepasado de la ministra de Defensa

Bajo aquellos cascotes quedó enterrada la memoria de la clínica ginecológica del doctor Antonio María Cospedal, antepasado de la actual ministra de Defensa. En los años 20 y 30, cuando parir hijos era, incluso para las mujeres más pudientes, un trabajo animal y peligroso, don Antonio María fundó en Logroño un sanatorio con salas de cirujía y radiodiagnóstico, esmerados cuidados higiénicos, un coqueto jardín y habitaciones de primera, segunda y tercera clase, según la capacidad económica de los enfermos. «Eran unas instalaciones fabulosas para la época, quirófanos incluidos», recordaba su hija Emilia hace diez años en las páginas de este periódico: «Él era ginecólogo en un tiempo en el que las mujeres daban a luz en casa, pero allí se operaba de todo o casi».

Cuando el doctor Cospedal cerró su clínica, después de la Guerra Civil, el palacete albergó primero las oficinas del Banco de Santader y, más tarde, las del Banco de Bilbao. Las entidades financieras acabaron emigrando a otros inmuebles de la ciudad y la mansión quedó sin uso, magnífica en su soledad, hasta que un mal día de diciembre de 1976 aparecieron unas grúas y se la cargaron. Acabaron vendiendo el solar a la comunidad autónoma.

Y luego pusieron ahí lo que pusieron.

Este artículo ha sido publicado en el periódico La Rioja y su autor es Pío García

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Manuel Jalón, riojano universa al cuadrado

La Rioja es la más pequeña de las regiones de España y la de menor población. De hecho, la población actual no excede los 315.000 habitantes. De ahí que nos sintamos, en cierta medida, unos elegidos.

Por ello, pocos, muy pocos riojanos han alcanzado la categoría de universales. Pero que hayan contribuido por partida doble a algún hito para alcanzar ese logro dos veces es algo extraordinario.

Uno de los pocos, quizás el único, es Manuel Jalón Corominas, nacido en enero de 1925 en Logroño.

Ingeniero aeronáutico, oficial del ejército del Aire en la base aérea de Zaragoza e inventor español. Ha pasado a la Historia porque Inventó la fregona y la aguja hipodérmica desechable.

Dice la leyenda que un día de 1956, estando en una cervecería, un compañero le dijo: `Deberías dejar de pensar en fabricar elementos de mantenimiento para la aviación e inventar algo para que las mujeres -señalando a una que limpiaba de rodillas un rincón del bar- frieguen de pie‘.

`Esto está hecho‘, le contestó muy convencido y ya no pudo quitarse la idea de la cabeza. Entonces, le vino a la mente aquella idea visual con la que había tenido contacto durante su incursión (1954-55) en América: los hombres fregando con unos cepillos de palo largo el aceite de los hangares de la base donde hizo un curso de mantenimiento para los primeros aviones caza de reacción, F-86, que el Ejército del Aire trajo a España”.

Durante una estancia en EE. UU., Jalón observó cómo los hangares se fregaban mediante una mopa plana y un cubo con rodillos. En 1956 inicio la fabricación de fregonas aplicando un palo de escoba a un penacho de tiras de algodón que se escurría en un cubo, con unos rodillos accionados por un pedal. Más tarde, el primer vendedor Enrique Falcón Morellón, tuvo la idea de aplicarle el nombre de fregona, palabra con que hasta entonces se designaba a la mujer que fregaba.

Este instrumento de limpieza mejoró la calidad de vida de muchas mujeres en España desde finales de los años 50, superando la tradición de ese país, ya que permite limpiar el suelo sin arrodillarse (causa de la bursitis de rodilla y problemas de columna) y sin desgastar las manos por la lejía. Era un trabajo bastante penoso y sólo lo ejercían aquellas mujeres que no tenían otra posibilidad de empleo. sencillísimo artilugio que ha levantado del suelo a la mayor parte de las mujeres de este mundo. Aunque está muy extendido el uso de la fregona, todavía hoy, hay lugares en Sudamérica que no saben para que sirve y venden los componentes por separado. La fregona cambió el método, la posición y la mentalidad ante la limpieza.

Ya en los años sesenta los turistas y los emigrantes se iban de España cargados de fregonas y en los años ochenta ya vendía fregonas a 30 países, tenía 150 empleados y facturaba 1300 millones de pesetas anuales. Fue entonces cuando vendió su empresa a una multinacional que exporta fregonas a 60 países y las fabricará en China.

Fue perfeccionando su invento y, a partir de 1965, lo fabricó en plástico con la apariencia que ahora conocemos. A pesar de su éxito comercial -tres millones de unidades al año- y la exportación a más de 30 países, Jalón decidió vender su empresa, Rodex, que facturaba 1.300 millones de pesetas, a la multinacional holandesa Curver BV para así poder dedicarse a nuevos proyectos. Por ejemplo, una jeringuilla hipodérmica desechable no reutilizable, de la que en Rusia ya se han fabricado cientos de millones.

Entre 1975 y 1979, por su iniciativa y bajo su dirección, se levantó en Fraga (Huesca) la fábrica Fabersanitas, de jeringuillas y agujas de un solo uso, que desde el primer momento y hasta el día de hoy, propiedad de Becton Dickinson, será líder internacional en tecnología, productividad y calidad del producto. También es ahora la mayor del mundo con una producción de más de cuatro millones diarios de jeringuillas y agujas.

Del mismo modelo de jeringuillas, diseñado por Manuel Jalón y su equipo se llevan fabricadas más de veinte mil millones de unidades en el mundo. Bajo su dirección, su equipo ha construido fabricas de agujas y jeringuillas de un solo uso en ocho países: Rusia, Irak, Irán, China, India, Turquía, Uzbekistán y Tailandia.

En 1992 se le otorgó el título de riojano del año. Quizás escaso agradecimiento a este riojano universal al cuadrado.

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Antonio Valdés y Fernández Bazán. Quizás en el origen de la bandera de España.

No es frecuente encontrar un marino procedente de tierra adentro.

Antonio Valdés, aunque nacido en Burgos, procedía de La Rioja. Ministro de Marina y Capitán General de la Armada. Descendiente de Fuenmayor, siempre se consideró hijo de Fuenmayor, aunque naciera en Burgos Su nombramiento de ministro se celebró con misas y corridas de toros en el pueblo que le nombró hijo predilecto y le recibía en sus visitas con grandes festejos. Una estatua, obra de los afamados escultores Dalmati-Narvaiza perpetúa su memoria en una plaza del pueblo.

De familia noble (su madre era hija de uno de los más ricos hacendados de Fuenmayor), sentó plaza de guarda marina en Cádiz e ingresó en la Orden de san Juan. En 1762 fue hecho prisionero por los ingleses y al recobrar la libertad se le destina a Algeciras en dónde lucha contra los piratas berberiscos.

Siempre por méritos de guerra va ascendiendo hasta brigadier a los 37 años, cuando es nombrado director del arsenal de La Cabada y enseguida, debido a la buena gestión que realiza, inspector general de Marina.

Al año siguiente muere el ministro de marina, marqués González de Castejón y es designado para sustituirle con sólo 38 años. Satisfecho Carlos III de su trabajo e inteligencia, le nombra Secretario de Estado (lo que hoy sería ministro de asuntos exteriores) y del despacho universal de Indias, cargos que desempeña hasta 1790 y 1795 respectivamente primero con Carlos III y posteriormente con Carlos IV.

En 1792 fue nombrado capitán general de la Armada y se le concede el collar del Toisón de Oro, la máxima distinción de la monarquía borbónica.

La invasión napoleónica le sorprende estando ya retirado en Burgos, pero pronto se traslada a Andalucía para combatirlos. Acabada la guerra Fernando VII le recibe en Madrid en 1813 y le repone en su cargo del Consejo Supremo del Almirantazgo y presidente de la Orden de San Juan, lo que supone también el de decano del Consejo de Estado, muriendo a los 72 años en el ejercicio de tan altas funciones.

“Para evitar los inconvenientes y prejuicios que han hecho ver la experiencia puede ocasionar la bandera nacional de que usa mi Armada naval y demás embarcaciones españolas, equivocándose a largas distancias ó con vientos calmosos con las de otras naciones he resuelto que en adelante usen mis buques de guerra de bandera dividida a lo largo de tres listas, de las que la alta y la baxa sean encarnadas y del ancho cada una de la cuarta parte del total y la de en medio amarilla, colocándose en esta el escudo de mis reales armas reducido a los cuarteles de Castilla y León con la Corona Real encima; y el gallardete con las mismas tres listas y el escudo a lo largo sobre cuadrado amarillo en la parte superior. Y que las demás embarcaciones usen, sin escudo, los mismos colores, debiendo ser la lista de en medio amarillo y del ancho de la tercera parte de la bandera y cada una de las restantes partes dividida en dos listas iguales, encarnada y amarilla alternativamente…
Señalado de mano de S.M.
En Aranjuez a veinte y ocho de Mayo de mil setecientos ochenta y cinco. El Almirante Don Antonio Valdés”

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Santo Domingo de la calzada. Camino de Santiago por todas partes.

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Is it 2017 or 1917?

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Logroño en el día de San Bernabé. La ciudad estratégica.

Logroño en el día de San Bernabé. Este magnífico artículo se publica hoy en el Diario La Rioja, con motivo de las fiestas.
1521: la historia
  • Logroño celebra este domingo su gesta de 1521. Repasamos con Marcelino Izquierdo la verdad de aquellos días… y sus porqués
  • ¿Se equivocó Asparrot en su intento por conquistar la capital? ¿Qué personajes de leyenda transitaron por sus calles?

 

 

 

Explica Manuel Danvila, en su ‘Historia crítica y documentada de las comunidades de Castilla’, que «un accidente de los que ocurren en las guerras cambió de improviso» el sitio de Logroño de 1521. Y prosigue: «Los generales franceses estaban alojados en San Francisco, monasterio cuyas ventanas daban al Ebro, y la noche del 10 de junio se hallaban cenando en una mesa con las velas encendidas. Un atrevido soldado de Logroño asaltó una de las tapias del muro, y colocándose a debida distancia disparó sobre el grupo de los generales franceses y mató a uno de ellos. Este hecho llevó la alarma y el desaliento al ejército francés, que levantó el cerco de Logroño el día 11». Sea esta anécdota verdad o leyenda, lo cierto es que el día de San Bernabé las tropas de Asparrot huyeron despavoridas. Pero, ¿qué se les había perdido en Logroño a las tropas de Francisco I? ¿Se equivocó Asparrot al sitiar la ciudad? ¿Qué personajes de leyenda transitaban por sus calles?

 

La peste negra que diezmó La Rioja durante el siglo XIV y los continuos enfrentamientos entre las familias nobles de Castilla habían mermado el desarrollo urbano de Logroño hasta mediados del siglo XV, ya de por sí muy afectado por la emigración de sus vecinos a las tierras del sur arrebatadas al Islam. También el declive que el Camino de Santiago sufrió en aquella época, trufada Europa por guerras, epidemias y malas cosechas, había debilitado aún más el papel de la villa y de su puente.

‘Muy Noble’ y ‘Muy Leal’

 

Sin embargo, como no hay mal que cien años dure, comenzó Logroño a remontar el vuelo gracias a la concesión del título de ciudad en 1431, por parte de Juan II de Castilla -padre de Isabel la Católica-, reforzado con los de ‘Muy Noble’ y ‘Muy Leal’ en 1444, que le daban derecho a enviar procuradores a Cortes. Casi en paralelo, el estallido de la Guerra Civil en Navarra (1451) afianzó su papel fronterizo respecto a un territorio muy deseado tanto por los reinos peninsulares como por Francia. Agramonteses y beamonteses prendieron la mecha de un conflicto sucesorio cuyos coletazos, con sus andanadas y sus treguas, sacudieron Navarra durante décadas.

Los vínculos económicos y políticos establecidos entre los poderes locales a uno y otro de la frontera -delimitada por el Ebro- beneficiaron sobre manera a la alta nobleza de nuevo cuño, que aprovechó las disputas para imponer su hegemonía. Ya en el primer tercio del siglo XVI, la abundancia de los campos riojanos, sobre todo el vino y la lana, había convertido Logroño en una importante ciudad comercial en la ruta hacia los puertos vascos y en centro neurálgico de servicios y de exportación a Flandes.

La inestabilidad navarra empujó a muchos artesanos y comerciantes a buscar lugares menos hostiles. Uno de ellos fue el impresor galo Arnao Guillén de Brocar, quien abandonó Pamplona al filo del año 1500 para instalar su taller en lo que hoy es la plaza Martínez Zaporta. Visitado por el humanista Antonio de Nebrija, años más tarde entablaría contacto con el cardenal Cisneros, regente de Carlos I.

 

1521: la historia

 

La muerte de Isabel I en 1504, la incapacitación de Juana la Loca y el fallecimiento de Fernando II de Aragón en 1516 dejaron al joven Carlos I, de apenas 16 años, con un poder omnímodo en sus manos. Era Carlos I hijo de Juana I de Castilla y de Felipe el Hermoso, y nieto de Maximiliano I de Habsburgo y de María de Borgoña, de quienes heredó Borgoña y lo que hoy es el Benelux y Austria, así como el derecho al Sacro Imperio Romano Germánico, mientras que por vía materna, a través de sus abuelos, los Reyes Católicos, recibió Castilla, Aragón, Navarra, Nápoles, Sicilia y los territorios de ultramar.

La tumba de César Borgia

Regresemos al año 1506. Si en la historia del Renacimiento europeo existe un apellido relevante es el de los Borgia; Rodrigo, el cabeza de familia, se convirtió en el papa Alejandro VI, mientras que su hijo César ocupó los más altos cargos nobiliarios, eclesiásticos y militares. Su divisa se hizo célebre: «O César o nada». La figura de Borgia pasaría a la posterioridad como inspirador de El príncipe de Maquiavelo. Caído en desgracia tras la muerte de su padre, y preso en el castillo de La Mota, logró huir César Borgia y alcanzar Pamplona. Su cuñado Juan III de Albret, rey de Navarra, no sólo le dio cobijo sino que lo nombró capitán de sus ejércitos, todavía en guerra contra los beamonteses. Cercando el castillo de Viana, villa que vigilaba Logroño, sufrió Borgia una emboscada que acabó con su cadáver desnudo en la Barranca Salada, de ahí la frase: «En la Barranca Salada, ni César ni nada».

Era Logroño un hervidero de diplomáticos, espías y políticos que vigilaban la crisis navarra. Uno de estos personajes fue el filósofo Francesco Guicciardini, embajador de la República de Florencia en Aragón y amigo de Maquiavelo, quien residió en la ciudad entre 1511 y 1513 y donde escribió el ensayo ‘Discorso di Logrogno’. Bien seguro que Guicciardini visitó la tumba de Borgia, entonces enterrado en la iglesia de Santa María de Viana.

La muralla se refuerza

Navarra veía con disgusto cómo Fernando el Católico intensificaba sus injerencias por medio del bando beamontés, derrotado en la guerra civil, por lo que los agramonteses buscaron el respaldo de Francia. Considerada esta alianza como un acto hostil, el rey Fernando invadió Navarra y la anexionó en 1512. En temor a posibles represalias, la línea fronteriza a lo largo del río fue reforzada en la ribera riojana. En efecto, la muralla que protegía Logroño miraba al norte en paralelo al Ebro, a escasos metros de la Rúa Vieja, mientras el castillo, con su imponente torreón, resguardaba el puente de piedra.

Las defensas proseguían por la actual avenida de Viana hasta doblar hacia el sur a la altura de la calle Ochavo, único vestigio que queda del paseo de ronda. En un giro de 90 grados, las defensas continuaban su perímetro por los muros de Cervantes, del Carmen y de la Mata -de ahí sus nombres-, se prolongaban por la actual Bretón de los Herreros y regresaban hacia el norte y hasta casi el río, a la altura de la Travesía de Laurel. La Puerta de Carlos V no comenzaría a construirse hasta 1522.

Carlos I jura el Fuero

Bien aconsejado por Adriano de Utrecht, obispo de Tortosa y uno de sus más fieles consejeros, el joven Carlos I recorrió sus nuevos dominios de la Península Ibérica nada más ceñir la corona. En 1520, con 19 años, prestó el monarca juramento del Fuero logroñés en la iglesia de Palacio y fue tan honda la impresión que causó a sus vecinos, que este gesto selló la adhesión al trono ante el futuro intento francés de rendir la ciudad. Sabedor de la muerte de su abuelo Maximiliano, confió la regencia al obispo Adriano, mientras preparaba su viaje a Aquisgrán para recibir la imperial herencia. Ya en los dominios germanos, no cejaría Carlos en su empeño para que Roma eligiera un papa a su medida, siendo Adriano de Utrecht el mejor colocado.

Señor de horca y cuchillo

Antonio Manrique de Lara era segundo duque de Nájera, guardián de Navarra y de La Rioja por mandato de Fernando el Católico y, más tarde, del cardenal Cisneros y del joven Carlos I, quien le otorgó el título de ‘grande de España’. Señor de horca y cuchillo, recibió el duque la orden de gobernar las tierras navarras, lo que desempeñó sin ningún tacto y desmedida brutalidad, atizando aún más el rencor del reino vecino hacia la corona. La crisis económica que padecía el pueblo, la subida de impuestos, la inestabilidad política en el trono de Castilla y la ambición de la nobleza se unieron al rechazo de un monarca flamenco que no conocía ni el idioma. Aprovechando el viaje a Alemania de Carlos I para ser coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, el movimiento comunero extendió sus motines y revueltas por Castilla hasta el punto de hacer temer por la supervivencia de la Casa Austria. A Manrique de Lara no le temblaron ni la mano ni la soga en Nájera, que sufrió cruel castigo por unirse a la revuelta.

El sitio de André de Foix

Enrique II, rey de Navarra, vio en la ausencia de Carlos I y en la insurrección comunera la oportunidad de reconquistar sus dominios, con el respaldo del francés Francisco I. Pero los preparativos militares, al otro lado del Pirineo, se retrasaron hasta mayo de 1521. Fue el primer error cometido por André de Foix -que en Logroño conocemos como Asparrot-, pues tras la derrota de los comuneros en la batalla de Villalar (23 de abril), el ejército leal al futuro emperador retomaba el control de Castilla. Mientras las huestes de Asparrot avanzaban hacia la fronteriza Saint-Jean-Pied-de-Port, estalló en toda Navarra una rebelión general que facilitó a Foix su incursión por Roncesvalles y la reconquista del reino sin apenas oposición. Tan sólo Manrique de Lara, entonces virrey de Navarra, opuso resistencia en Pamplona, de donde tuvo que huir para salvar la vida. Entre los soldados castellanos derrotados en Pamplona resultó herido un capitán guipuzcoano de nombre Íñigo López de Loyola.

Como la campaña militar duró apenas 20 días, tomó Asparrot la decisión de rendir Logroño con 30.000 hombres a su espalda. Nuevo error. En vez de asentar su dominio en las plazas navarras ya ocupadas, apostó el mando francés por rendir la ahora capital riojana y controlar así uno de los pocos puentes que permitían cruzar el Ebro con garantías.

Escudo de Logroño perteneciente al privilegio concedido por Carlos V en 1523

Escudo de Logroño perteneciente al privilegio concedido por Carlos V en 1523

 

La ciudad resiste

Albia de Castro escribe en su ‘Memorial y discurso político por la muy noble, y muy leal ciudad de Logroño’, que reunieron las autoridades el Concejo abierto en la iglesia de Santiago, donde un anciano habló alto y claro: «Viene el ejército francés contra nuestra ciudad, juzgando que la tomará fácilmente como le ha sucedido en el reino de Navarra. Pero con favor de Dios espero que vuestra prudencia y valor lo dispondrá y procederá, de fuerza que si llega, se desengañe presto con daño suyo». Disuelto el Concejo, ordenó el gobernador Pedro Vélez de Guevara reforzar las defensas, demoler el hospital de San Lázaro -en el camino a Navarrete- y todas las casas de recreo extramuros, tanto en la Villanueva como a orillas del Ebro, para que el enemigo no pudiera pertrecharse en ellas.

En lugar de rodear el recinto amurallado, confiado por su superioridad en tropas y armamento, focalizó Asparrot el asedio en la zona de Madre de Dios y el monasterio de San Francisco, a la que accedió vadeando el río aguas abajo del puente y del castillo. Desde allí, se dedicó André de Foix a cañonear el interior de la ciudad y a enviar pueriles misivas de rendición, que enojaban todavía más a los sitiados. Este imperdonable descuido permitió la entrada de más defensores y vituallas desde Lardero, Alberite o Albelda y a capturar peces en otros tramos del Ebro apenas vigilados.

Así, la excesiva prolongación del cerco, el hambre de los sitiadores y la marcha de miles de soldados a otros frentes abiertos por Francisco I en media Europa disuadieron a Asparrot de su empresa. La llegada del Duque de Nájera con una nutrida milicia y la emboscada guerrillera de los logroñeses sobre el campamento francés hicieron el resto. En caótica huida, los franconavarros fueron perseguidos por Manrique de Lara, Vélez de Guevara y otros caudillos fieles a Carlos I hasta derrotarlos en la batalla de Noáin.

San Ignacio y el papa

El triunfo de los logroñeses coincidió con la festividad de San Bernabé, y aunque el Voto del nuevo patrón marcaría las fiestas hasta la actualidad, esa noche la ciudad se llegó de hogueras y luminarias en señal de gozo y alegría. Días después llegó el regente Adriano de Utrecht, quien permaneció en La Rioja durante meses, dirigiendo desde aquí el reino hasta su total pacificación. Meses más tarde, regresaría a Logroño ya investido como Adriano VI, el único papa en la historia que ha visitado La Rioja. También pasó por estas tierras Íñigo López de Loyola, futuro San Ignacio de Loyola. Mercenario de Manrique de Lara, cobró de su señor los dineros que le debía, pagó las deudas a sus soldados y dejó al cargo del Duque de Nájera a María Villarreal de Loyola, niña nacida en Pedroso y que bien pudo ser una hija secreta. Desprendido de sus deberes en la Tierra, recorrió el Camino Ignaciano rumbo a la santidad.

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Hospital de San Juan de Acre en Navarrete, La Rioja

San Juan de Acre

En los terrenos hoy en día de una bodega de Navarrete, al oeste de Logroño, camino ya de Nájera y siguiendo el Camino de Santiago, se levantaba un hospital de peregrinos desde el s. XII.

Con el devenir de los siglos fue perdiendo importancia hasta que la desamortización de Medizábal, del s. XIX, le dio el golpe de gracia.

De no haber sido por la iniciativa de unos cuantos, coordinados por el arquitecto Luis Barrón, en 1887, se hubieran perdido todos los restos.

Pero esa iniciativa consiguió salvar la portada y alguna de las ventanas, adosándolas al cementerio de la ciudad, en el extremo opuesto de Navarrete, donde hoy se pueden aún disfrutar.

San Juan de Acre, capiteles

Para más información: San Juan de Acre en Navarrete.

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Castillo de Santurde. Más historia que piedras.

Santurde es un pueblo de la Sierra riojana, de camino de Santo Domingo a Ezcaray, en la cuenca del río Oja.

Incluso estas tierras, alejadas de las rutas principales de comunicación, aunque próximas al monasterio de san Millán de la Cogolla, vivieron tiempos de zozobra durante la reconquista del invasor sarraceno. Y para evitar los envites musulmanes se construyeron algunas fortificaciones.

En la parte alta de Santurde hubo durante siglos un castillo de importantes dimensiones.

castillo de Santurde

Los restos que quedan datan del s. XIV.

Perteneció durante mucho tiempo a la familia Leiva, condes de Baños, quienes lo vendieron en 1925.

Aunque tan solo quedan restos de la torre del homenaje, se debió tratar de un conjunto fortificado de gran dimensión.

Su planta es cuadrangular y los muros están completos de sillarejo, mampostería y piedra sillar.

Se cree que llegó a tener cuatro alturas, encontrándose arruinada, en la actualidad, la parte alta. 

Las personas más mayores de Santurde aún recuerdan los años lejanos en los que la gente se llevaba las piedras de los pisos superiores para sus casas.

El ingreso, como era habitual en estas construcciones, se realizaba por la segunda planta.

En el pueblo encontramos también una bonita iglesia y en las afueras una curiosa hermita.

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Una guerra mundial en Nájera

Reblogueo este interesante artículo publicado en el Diario La Rioja sobre hechos acontecidos en las tierras entre Ventosa y Nájera ahora hace 650 años.

Guerra mundial en Nájera

  • Se cumplen 650 años de la pugna por tierras de La Rioja entre Enrique de Trastámara y Pedro ‘el Cruel’ en la Guerra de los Cien Años

  • El Príncipe de Gales salió en apoyo de Pedro I y el galo Bertrand Du Guesclin respaldó a Enrique II

El 3 de abril de 1367 los campos de La Rioja se tiñeron de sangre. La Batalla de Nájera, una de las más sanguinarias acontecidas en la Península Ibérica, enfrentó al rey Pedro I ‘el Cruel’ y a su hermanastro Enrique de Trastámara -que aspiraba al trono- en una guerra civil castellana que no fue sino la prolongación de la Guerra de los Cien Años más allá de los Pirineos. Más de 60.000 hombres, según las crónicas, se enfrentaron en ella. El legendario Príncipe Negro, heredero de la corona de Inglaterra, y su cerval enemigo, el francés Bertrand du Guesclin, fueron los protagonistas de una contienda de la que este lunes 3 de abril se han cumplido 650 años. Huestes de Castilla, Aragón, Navarra, Francia, Inglaterra y otros mercenarios de media Europa confluyeron en una auténtica conflagración mundial.

La supremacía marítima que Castilla mantenía sobre Inglaterra y Francia había propiciado que ambos reinos, enemigos irreconciliables durante la Guerra de los Cien Años -116 años, en realidad (1337-1453)-, buscaran una alianza que inclinara la balanza hacia sus respectivos intereses. Aprovechando la guerra civil castellana que libraban el monarca Pedro I ‘el Cruel’ y su hermanastro Enrique de Trastámara, tanto Londres como París tomaron partido por cada uno de los bandos fratricidas.

Asediado por los nobles rebeldes encabezados por Enrique, tuvo Pedro I que cruzar la frontera y acampar en la ciudad francesa de Burdeos. Pronto llegó a un pacto con el Príncipe de Gales -conocido como el Príncipe Negro por vestir siempre de aquel color cuando entraba en batalla-, líder de las fuerzas británicas, quien le brindó su ayuda para recuperar la corona a cambio de que Castilla respaldara a Inglaterra en su contienda contra Francia. Además del respaldo de sus leales, el Príncipe Negro reclutó tropas en Gascuña y Aquitania, mientras esperaba a su hermano, Juan de Gante, quien se trasladó al continente con sus temibles ‘longbowmen’, armados con arcos largos de gran precisión.

Frente a los movimientos de su hermanastro, Enrique de Trastámara consiguió el respaldo de la corona francesa, también interesada en la alianza con la armada castellana, que envió en su ayuda a los mercenarios del condestable Bertrand du Guesclin, enemigo acérrimo del Príncipe de Gales.

En febrero de 1367 llegó a los Pirineos el caudillo inglés al mando de 25.000 soldados, cruzó el Ebro por el puente de Logroño y atravesó la villa de Navarrete, rumbo a Nájera. Era el mismo Príncipe Negro cuyas sus hazañas han sido glosadas por Shakespeare, Dickens, Conan Doyle, Lovecraft, Greene o Follett, y llevadas al cine (‘El Príncipe Negro’, encarnado el personaje por el actor Errol Flynn) y a los videojuegos (‘Bladestorm: The Hundred Years’ War’, ‘Medieval: Total War’…).

Enfrente, las tropas de Trastámara permanecían acantonadas a la espera del enemigo, cubriéndose las espaldas con el cauce del río Najerilla. Estaban tan confiados Enrique y Guesclin en sus fuerzas, sobre todo en la caballería francesa, que ambos cometieron un grave error táctico: si no vencían en un primer embate, las posibilidades de retirada eran nulas.

«Ni quito ni pongo rey…»

Así, los jinetes galos, mercenarios armados hasta los dientes, avanzaron hacia la llanura sin miedo a la derrota, pues el espionaje había detectado que su ejército superaba al rival en miles de soldados. La contienda arrancó entre la antigua venta de Ventosa y el arroyo Henares, que fluye de sur a norte de Ventosa a Navarrete, pero la batalla se extendió por tierras de Nájera, por supuesto, y también de Huércanos, Briones, Alesón, Tricio o Manjarrés. Al igual que sucedió durante la Guerra de los Cien Años, los comandantes franceses erraron con el uso de la caballería, abatida en buena parte por los arqueros ingleses.

Muchos de los hombres de Trastámara perecieron ahogados al vadear en su huida los ríos Yalde y Najerilla, y los que no dejaron su vida en las aguas fueron acuchillados. Nájera supuso una dolorosa derrota para el pretendiente, muchos de cuyos seguidores fueron víctimas de la despiadada venganza de Pedro ‘el Cruel’, de ahí su apelativo, que volvió a ceñir la corona.

Pero poco le duró la gloria. Dos años después, tras la batalla de los Campos de Montiel, la daga de su hermanastro Enrique daba muerte a don Pedro, con la ayuda de Guesclin, que pronunció la famosa frase: «Ni quito ni pongo rey pero ayudo a mi señor».

Enrique II, el bastardo que pudo reinar -era hijo ilegítimo de Alfonso XI-, ocupó el trono entre 1369 y 1379 e implantó la dinastía de los Trastámara al frente de la Corona de Castilla. Murió en Santo Domingo de la Calzada a los 45 años, si bien su cadáver fue sucesivamente inhumado, primero en Burgos, después en Valladolid y, finalmente, en Toledo. Su corazón, sin embargo, reposa en una arqueta de madera que se encuentra en la catedral calceatense.

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Las batallas de Cellórigo. El principio del final de la dominación musulmana de La Rioja.

Cellórigo es una pequeña villa riojana, en los límites de la provincia de Burgos y de Álava, de las que las separan los montes Obarenes, en la llamada Sierra de Cantabria.

En la actualidad poco más de una docena de moradores. Pero si de la Historia medieval hablamos, muy importante para La Rioja.

Cellórigo

Los pasos naturales de tierras riojanas a tierras burgalesas son tres fundamentalmente: Panconbo,  y este de Foncea – Cellórigo

Los musulmanes en La Rioja Alta no se establecieron permanentemente más que en puntos estratégicos, transformados en fortalezas, desde donde mantenían sumiso al país. Partiendo de ellas realizaban campañas y expediciones por la comarca, unas veces con sus propias fuerzas y otras uniéndolas con las del emir de Córdoba.

Por lo menos 36 expediciones o razzias sufrió La Rioja, según registran la crónicas que conocemos, lo que hace suponer que pudieron se bastantes más.

Sin embargo, los árabes tenían comunidades protegidas por fortalezas desde las que vigilaban a los cristianos. A medida que las milicias de León y Pamplona iban aumentando sus territorio con los arrebatados a La Rioja esos focos árabes eran sometido o   tenían que emigrar.

Según Pérez de Urbel, en el año 882 los cristianos ya estaban establecidos definitivamente en Cellorigo y Pancorbo.

Las batallas de cellórigo

La batalla de Cellorigo fueron dos combates librados en el desaparecido castillo de Cellorigo en La Rioja (España) en el 882 y 883, en las cuales los cristianos derrotaron a los musulmanes.

La familia Banu Qasi, descendientes del conde Casio que se convirtió al islam tras la invasión musulmana de 711, gobernaba el valle del Ebro desde la frontera de occidente, en las tierras que hablamos, hasta Lérida por el este y desde los Pirineos por el Norte hasta tierras de Zaragoza y Teruel por el Sur.

Siempre con el juego a varias bandas que se vivía en esta zona, con los vascones de Pamplona, con el poder de Córdoba, con alianzas con los reyes asturiano leoneses,… esta familia controlaba esta amplia zona.

En 882 Ababdella, del clan de los Casis, que siempre había tenido buenas relaciones con los cristianos al igual que su padre Lubb ibn Musa, se coaliga con el emir Mohamed I de Córdoba, quien le envía a su hijo Al-Mundir. Éste, al ver que podía contar con más tropas, se puso en camino desde Zaragoza por las orillas del río Ebro, devastando el valle a su paso por La Rioja.

Llegando a Cellórigo pretendieron tomar su castillo. La contienda causó muchas bajas en ambos ejércitos, pero el castillo no fue tomado.

De ahí, Al-Mundir se dirigió a Pancorbo (otro paso sobre los mismos montes), pero el asedio al castillo de Pancorbo se alargó durante varios días, acabando con una nueva derrota y numerosas bajas.

Tras estas dos derrotas, Alfonso III de Asturias dio orden a Diego Rodríguez “Porcelos” y a Vela Jiménez de perseguir a Ababdella, el cual tras un tiempo huyendo se encontró tan apurado, que pidió la paz a Alfonso en varias ocasiones, sin conseguir que éste se la concediese.

En 883 el ejército de Al-Mundir, tras haber batido los muros de Zaragoza y saqueado Monjardín y otros pueblos de Navarra, emprendió desde allí el mismo viaje que el año anterior, para librar una nueva batalla en Cellórigo, pero esta vez sin la ayuda de las tropas de Ababdella. El resultado fue peor que el anterior, ya que fueron rechazados de nuevo, no consiguiendo otra cosa que muchas bajas.

De aquí marchó a Pancorbo y Castrojeriz, con el mismo resultado. Humillados, antes de salir del Reino de León enviaron una embajada al rey Alfonso III para pedir la paz.

Nunca más se volvería a ver a los moros por estas tierras. Luego llegarían las batallas de finales de siglo, la reconquista de Nájera, Logroño,… pero esa es otra Historia.

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San Vicente de la Sonsierra: pila bautismal

Pila bautismal en San Vicente de la Sonsierra
Pila bautismal en San Vicente de la Sonsierra

San Vicente de la Sonsierra es uno de los pueblos con mayor patrimonio histórico y artístico de toda La Rioja.
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San Millán oscurece

San Millán
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Plaza Martínez Zaporta. Historia viva de Logroño

De la calle de la Imprenta a la plaza Martínez Zaporta

Memoria de una plaza en el centro de Logroño que cumple un siglo ligada a la familia que fundó Diario LA RIOJA.

Cien años contemplan la plaza de la Imprenta -actual Martínez Zaporta-, cuyos vecinos celebran durante estos días la efeméride con un nutrido programa de actos lúdicos.

El 31 de octubre de 1912, Francisco Martínez Zaporta -primogénito de Facundo, fundador del periódico LA RIOJA- solicitó al Ayuntamiento de Logroño la construcción de «una casa y un salón teatro» en las calles de la Imprenta y Marqués de San Nicolás, sobre los planos realizados por el arquitecto Quintín Bello. Don Facundo había muerto un año antes.

La familia Zaporta, que desde 1889 regentaba LA RIOJA, llevaba años buscando nuevas instalaciones para el diario, después de haberlo fundado en la Casa del Correo -donde hoy está el Ateneo Riojano- y, un año después, trasladarlo a la calle Sagasta.

El ambicioso proyecto contemplaba la nueva sede del periódico -oficinas, redacción y talleres-, viviendas, bajos comerciales, un café y un teatro que, en principio, iba a llamarse ‘Gran Teatro Zaporta’. Y es que la familia Martínez Zaporta era tan aficionada al mundo de la escena que, desde su vivienda, accedía a los palcos del que acabaría llamándose Moderno a través de un pasadizo.

La vivienda de la familia Martínez Zaporta contaba con un pasadizo que accedía a los palcos del Teatro Moderno. De hecho, un año antes de la inauguración de la plaza y del edificio en su conjunto, ya levantó el telón el Teatro Moderno con la la obra ‘La noche del sábado’, de Jacinto Benavente, representada por la compañía de Francisco Fuentes. Fue el 18 de septiembre de 1913, aprovechando las fiestas de la vendimia riojana.

Al año siguiente, el periódico LA RIOJA se trasladó desde la cercana calle Sagasta hasta la recién creada plaza de la Imprenta e, incluso, inauguró una nueva rotativa procedente de París. Y allí permaneció el diario desde el 30 de diciembre de 1914 hasta el 30 de enero de 1968, fecha en la que se trasladó a su sede actual de la calle Vara de Rey.

Café Moderno

El Café Madrid, que abrió en 1916 de la mano de Federico Sánchez, se convirtió en una segunda ‘oficina’ para los empleados del periódico y para los logroñeses en general.

Con el paso del tiempo, el establecimiento fue cambiando de nombre y de clientela: regentado por Zacarías Bezares, en 1925 pasó a denominarse Novelty; después fue Oriental y durante la Guerra Civil adquirió el actual de Café Moderno, bajo la administración de don Mariano, abuelo del actual propietario, Mariano Moracia.

© JUSTO RODRIGUEZ

En aquella zona de la ciudad, a principios del siglo XVI, había abierto su taller el francés Guillén de Brocar, uno de los mejores impresores en la España del Renacimiento. De ahí que la calle fuera bautizada por Imprenta y ese mismo título heredó la nueva plaza en 1914. Hace cien años.

Sin embargo, el 12 de junio de 1935 las autoridades descubrieron la placa de su nuevo nombre, en honor a Francisco Martínez Zaporta, que había fallecido 19 años antes. Además de director de LA RIOJA, como político impulsó la Caja Vitícola y salvó las vides riojanas de la filoxera.

Este artículo fue publicado en el diario La Rioja el 19 de octubre de 2014. Su autor, Marcelino Izquierdo.

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Más feo no es posible

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Palacio de los Chapiteles. Historia pura de Logroño

Instituto de Estudios Riojanos
Palacio de los Chapiteles

Logroño. Inicios del s. XVI. Unos tres mil habitantes, constreñidos por la muralla de la que hoy solo queda la parte del Revellín.

La familia de los Jiménez de Enciso compran el solar y construyen la casa. De ésta aún queda y puede verse en el interior, un alfarje de madera plano y las cuatro columnas que conformaron el patio.

Don Diego Jiménez de Enciso encargó en 1575 la colocación de las dos torrecillas que rematan la fachada principal dando nota de la especial distinción.

Durante las siguientes décadas se decoraron a las estancias, acumulando libros y objetos preciosos junto a cuadros, tapices, muebles y objetos varios en un buen número y que procedías de Flandes.

Ya hay noticias de su existencia desde 1732. Los chapiteles se incorporaron como remate a las torretas de la fachada en el siglo XVIII.

Fue propiedad de los Marqueses de Someruelos hasta 1862, cuando la Corporación Municipal lo adquirió con la idea inicial de que sirviera como residencia del Obispo en el supuesto de que se produjese la traslación de la Silla Episcopal de Calahorra a Logroño pero al no conseguirse este objetivo se decidió utilizar el edificio como Casa Consistorial. 

Como quiera que ese traslado nunca tuvo lugar, en 1865 se convirtió en la sede del Ayuntamiento de Logroño, que permanecería allí durante 115 años, hasta 1980.

Durante esos años el palacio fue testigo de importantes acuerdos y momentos de la historia de la ciudad, además de acoger a ilustres visitantes como Amadeo I, Alfonso XII y Alfonso XIII, de políticos de talla nacional como Sagasta, Amós Salvador, Tirso Rodrigáñez, Nicolás Salmerón, el conde de Romanones, José Canalejas, Miguel Villanueva, Indalecio Prieto, Niceto Alcalá Zamora, o Manuel Azaña. Y de figuras de primer orden en el campo militar, como los generales Espartero, Primo de Rivera y Francisco Franco, todos ellos Jefes de Estado, o de otras graduaciones, como Yagüe, Jorge Vigón y Gallarza.

En su fachada figura una placa conmemorativa que recuerda los actos con que Logroño solemnizó el centenario del nacimiento del ilustre riojano, Práxedes Mateo Sagasta en el año 1925. Precisamente en el interior del edificio se encuentra una excepcional escultura que representa “La Elocuencia”, en mármol de Carrara, donada por Sagasta en el año 1897.

Al construirse el actual Ayuntamiento, el Palacio de los Chapiteles fue destinado en 1987 a sede de la Consejería de Cultura, Deportes y Juventud del Gobierno de La Rioja.

Actualmente es la sede del Instituto de Estudios Riojanos, junto con las Fundaciones San Millán, Camino de la Lengua y Práxedes Mateo Sagasta.

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Monasterio de San Millán de la Cogolla, el Escorial riojano

San Millán
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La Rioja argentina. ¿Por qué se llama así?

La Rioja, como ya hemos contado en este blog, ha existido como región desde hace muy poco, pero se ha hablado de La Rioja desde hace muchos siglos, independientemente de su toponimia, siempre con origen en lo que hoy se conoce como Rioja Alta. Por eso se explica que existiera antes cronológicamente la Rioja argentina, incluso la peruana, que la española.Juan_Ramírez_de_Velasco

Juan Ramírez de Velasco, nacido en el pueblo riojaalteño de Estollo, cercano a San Millán y siendo gobernador español del Tucumán, fundó esta ciudad bajo el nombre de Ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja, el 20 de mayo de 1591, estableció su cabildo y trazó su ejido repartiendo solares al contingente de soldados que lo acompañaron en la proeza fundacional.

Para la fundación de la ciudad de La Rioja, lo primero que hizo Ramírez de Velasco fue solicitar apoyo económico a Blas Ponce, uno de los más antiguos vecinos del Tucumán y rico encomendero. Con él firmó un convenio en enero de 1591, en los siguientes términos: Ponce acompañaría al gobernador, aportaría 6000 pesos, ropa de trabajo, cabalgaduras, herramientas, herrajes, 50 bueyes para la labranza de la tierra, 2000 cabras y 1000 carneros para alimentación de los integrantes de la expedición, tomaría a su cargo la contratación de un sacerdote pagándole todos sus gastos; más los ornamentos, vino y cera de la futura iglesia. Se construiría un fuerte para protección de la ciudad y el gobernador proveería pólvora y munición.

A cambio de esas obligaciones, Blas Ponce sería designado teniente general de la gobernación, lugarteniente y justicia mayor de la nueva ciudad, quedaba autorizado para efectuar el repartimiento de las encomiendas y conceder mercedes de tierras, sin limitación alguna. Tendría para sí una nueva encomienda en la nueva ciudad sin la obligación de vecindad, ya que seguiría disfrutando del repartimiento que poseía ya en Santiago del Estero, ciudad de la cual era vecino feudatario. Se le otorgarían estancias y mercedes de tierra vecinas a las minas que se descubriesen, el derecho a instalar molinos, uno en la ciudad y otro en las tierras en las que se siembren para sustentar a los trabajadores de las minas; y derechos sobre la explotación de las minas.

El gobernador conformó un contingente con vecinos de Santiago del Estero, San Miguel de Tucumán, Córdoba y Potosí. La expedición fundadora partió desde Santiago del Estero al mando del gobernador Ramírez de Velasco con rumbo al oeste, hacia la actual provincia de Catamarca, en dirección al valle de los diaguitas, a fines de marzo de 1591. Acompañaban al gobernador el maestre de campo Blas Ponce, el hijo homónimo del gobernador como alférez general, el sacerdote Baltasar Navarro y Luis de Hoyos, como escribano de actuación. Integraban el contingente 70 hombres montados, unos 750 caballos de guerra y carga, un convoy de 14 carretas tiradas por bueyes, 4000 cabezas de ganado menor (ovejas, carneros y llamas). Los acompañaban unos 400 aborígenes amigos.

Avanzando hacia el sur, el 10 de mayo de 1591 llegaron al lugar que los naturales denominaban Yacampis. Previa consulta con los indígenas de la zona sobre la conveniencia del lugar y por cierto que con Blas Ponce, eligieron el sitio donde fundar la nueva ciudad. El mismo tenía agua, pasto y leña. Se procedió entonces con las formalidades, haciendo pasear el estandarte real donde sería la plaza mayor, se clavó en ella el rollo y se declaró fundada la ciudad el 20 de mayo de 1591 a la que se le puso el nombre de Ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja. Se designaron a los funcionarios del Cabildo, se les recibió el juramento, les dio posesión de sus oficios o cargos y se ofició una misa a cargo del sacerdote Navarro; se distribuyeron las parcelas para los pobladores y las órdenes religiosas.

Fundación_de_La_RiojaFinalmente, el gobernador emprendió el regreso a Santiago del Estero, dejando allí a 51 españoles y un cura. Todo el viaje y fundación de la ciudad fueron debidamente cronicados por el escribano Luis de Hoyos.

Se nombró teniente de gobernador al maestre de campo Blas Ponce y se organizó el primer Cabildo, siendo designados alcaldes Pedro López de Centeno y Francisco Maldonado de Saavedra.

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Celtíberos riojanos: Contrebia Leucade

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Contrebia Leucade

El actual territorio de La Rioja, en el momento de la llegada de los romanos a nuestras tierras, estaba mayoritariamente controlada por los berones, rama celta, pero no eran los únicos. 

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Marqués de la Ensenada. Ilustre riojano del s. XVIII

La Rioja es una pequeña Comunidad Autónoma, con población que supone menos del 1% de la total de España. Por ello no son muchos los riojanos ilustres. El Marqués de la Ensenada es uno de ellos.

Zenón de Somodevilla y Bengoechea, Marqués de la Ensenada, fue un político español nacido en Hervías, La Rioja, 1702.

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Puente de Cihuri

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puente de Cihuri

La historia local de Cihuri (y los letreros del lugar) apuntan a que este puente fue construido nada más y nada menos que en el Siglo II, en plena dominación romana de esta zona cercana a la Ribera del Ebro. Tiene tres “ojos”, siendo lógicamente el principal el del medio, y destaca que los “ojos” laterales no son simétricos, ni en forma ni en tamaño.

Debido a su antigüedad, durante la Edad Media fue completamente rehecho y a finales del siglo pasado se llevaron a cabo algunas mejoras ya que en 1979 fue declarado de interés histórico-artístico.

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Puente de Cihuri

La calzada que transcurre sobre el puente está formada por pequeños sillarejos bien aparejados y parece haber sido rebajada de su nivel inicial pues transcurre por debajo de la clave del arco central.

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Más información sobre Cihuri.

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