Esperando a la doncella

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esperando a la doncella

Como cada tarde, antes de ponerse el sol, esperaba el joven Antonio a la doncella que conociera semanas atrás en el horno de los hermanos Sánchez, a mitad de camino de las casas de ambos. Ni una sola palabra se cruzaron, pero su hermosura le encandiló de tal manera que

aquella primera vez que le vió, le siguió a una distancia prudencial hasta ver en qué portal entraba.

Desde aquel día no perdía ocasión de pasar por la calle, acudir al horno o la bodega próxima, siempre con la idea de volver a encontrarse con ella y, esta vez sí, decidirse a hablarle. La verdad, con poco éxito.

Así que se pensó en cambiar la estrategia y acudir cada tarde bajo la única ventana de la casa que daba a la calle principal, junto a la iglesia de San Martín. Dice el refrán que quien la persigue, la consigue. Y así sucedió. Una tarde se abrió la ventana y allí apareció, dedicándole una sonrisa que para él fue como el rayo de sol que lucha entre las nubes y que en un momento determinado lo ilumina todo.

Desde aquella tarde, aquel descendiente del ilustre conquistador de Perú, acudía todas las tardes, a la espera de la doncella. Solo con ello ya era feliz. Con la visión ocasional y con lo que se imaginaba a partir de ahí.

Y esta tarde sucedió. La joven apareció, no en la ventana sino en el umbral de la puerta y para sorpresa de Antonio y quizás de ella misma, le dió el beso más maravilloso que jamás hubiera recibido. No, no era un sueño ni fruto de su imaginación, era tan real como el tañir de las campanas.

Y hasta ahí puedo leer.

El resto lo dejo para que cada uno lo complete. Final feliz, tragedia,… you choose.

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