Antonio Valdés y Fernández Bazán. Quizás en el origen de la bandera de España.

No es frecuente encontrar un marino procedente de tierra adentro.

Antonio Valdés, aunque nacido en Burgos, procedía de La Rioja. Ministro de Marina y Capitán General de la Armada. Descendiente de Fuenmayor, siempre se consideró hijo de Fuenmayor, aunque naciera en Burgos Su nombramiento de ministro se celebró con misas y corridas de toros en el pueblo que le nombró hijo predilecto y le recibía en sus visitas con grandes festejos. Una estatua, obra de los afamados escultores Dalmati-Narvaiza perpetúa su memoria en una plaza del pueblo.

De familia noble (su madre era hija de uno de los más ricos hacendados de Fuenmayor), sentó plaza de guarda marina en Cádiz e ingresó en la Orden de san Juan. En 1762 fue hecho prisionero por los ingleses y al recobrar la libertad se le destina a Algeciras en dónde lucha contra los piratas berberiscos.

Siempre por méritos de guerra va ascendiendo hasta brigadier a los 37 años, cuando es nombrado director del arsenal de La Cabada y enseguida, debido a la buena gestión que realiza, inspector general de Marina.

Al año siguiente muere el ministro de marina, marqués González de Castejón y es designado para sustituirle con sólo 38 años. Satisfecho Carlos III de su trabajo e inteligencia, le nombra Secretario de Estado (lo que hoy sería ministro de asuntos exteriores) y del despacho universal de Indias, cargos que desempeña hasta 1790 y 1795 respectivamente primero con Carlos III y posteriormente con Carlos IV.

En 1792 fue nombrado capitán general de la Armada y se le concede el collar del Toisón de Oro, la máxima distinción de la monarquía borbónica.

La invasión napoleónica le sorprende estando ya retirado en Burgos, pero pronto se traslada a Andalucía para combatirlos. Acabada la guerra Fernando VII le recibe en Madrid en 1813 y le repone en su cargo del Consejo Supremo del Almirantazgo y presidente de la Orden de San Juan, lo que supone también el de decano del Consejo de Estado, muriendo a los 72 años en el ejercicio de tan altas funciones.

“Para evitar los inconvenientes y prejuicios que han hecho ver la experiencia puede ocasionar la bandera nacional de que usa mi Armada naval y demás embarcaciones españolas, equivocándose a largas distancias ó con vientos calmosos con las de otras naciones he resuelto que en adelante usen mis buques de guerra de bandera dividida a lo largo de tres listas, de las que la alta y la baxa sean encarnadas y del ancho cada una de la cuarta parte del total y la de en medio amarilla, colocándose en esta el escudo de mis reales armas reducido a los cuarteles de Castilla y León con la Corona Real encima; y el gallardete con las mismas tres listas y el escudo a lo largo sobre cuadrado amarillo en la parte superior. Y que las demás embarcaciones usen, sin escudo, los mismos colores, debiendo ser la lista de en medio amarillo y del ancho de la tercera parte de la bandera y cada una de las restantes partes dividida en dos listas iguales, encarnada y amarilla alternativamente…
Señalado de mano de S.M.
En Aranjuez a veinte y ocho de Mayo de mil setecientos ochenta y cinco. El Almirante Don Antonio Valdés”

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